La primera pregunta que me hice cuando me convertí en manazas fue: ¿qué coche me pillo? No puedo aparecer por ahí con una Vito. O peor aún: ¡con un Berlingo!

Quien tiene un amigo tiene un tesoro, y los colegas de la automecánica no es que tengan una piel muy brillante pero sí tienen buenos contactos.

Así que me pasé por esta feria china y me pillé dos todoterrenacos bien gordos, uno para ir a trabajar y otro para dormir.

Lo primero que hay que hacer cada mañana nada más levantarse es echarle un agua al coche. ¿De qué sirve tener un carraco si se puede escribir en las lunas lo cerdo que eres?

Yo lo llevo al lavadero más cercano y me voy a almorzar mientras lo dejo secando al sol. ¡Un autónomo tiene que ser un experto en productividad!

Si sufres una avería de camino al curro, es importante tener herramientas y conocimientos para reparar el vehículo (¡los de la automecánica no pueden protegerte siempre!). Eso sí, hay que tener claro si el cliente vive en Pinto o en Valdemoro.

Si la avería pinta mal, es mejor esperar a que lleguen los refuerzos sin estresarse. Yo siempre tengo a punto un panel fotovoltaico que alimenta una nevera repleta de delicioso jugo de cebada.

También lo uso para cargar el taladro, ¿eh? Que en seguida me ponéis el sambenito…

A veces no hay más remedio que el coche duerma en el taller. Buscad un profesional de confianza, y si os vacilan, ¡vacilad vosotros más! (Es cuestión de parecer más chulo).

«Buenas tardes-noches. Mi coche no arranca». «Eso es una bici». «Ya… Es que mi coche no arranca».